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“Rogue One”: La Fuerza está con esta precuela de “Star Wars”

La historia de una joven y su banda de rebeldes robando los planos para la Estrella de la Muerte captura perfectamente la magia de la trilogía original Rogue One: Una historia de Star Wars
Felicity Jones, Diego Luna, Alan Tudyk. Dirigida por Gareth Edwards / Tres estrellas y media Rogue One: Una historia de Star Wars es literalmente un flash del pasado. Esta precuela ocurre justo antes de los eventos de la primera Star Wars, de 1977, y tiene el mismo espíritu primitivo, acogedor, emocional, tontón y espontáneo que nos hizo enamorar de la primera trilogía. Es el primer capítulo independiente de la franquicia, y no un puente entre el pasado y el presente como el que construyó inteligentemente J. J. Abrams el año pasado en Star Wars: El despertar de la fuerza. Como película puede parecer por momentos lenta y por momentos acelerada, armada a partir de pedazos sueltos, como si hubiera necesitado un poco más de tiempo dedicado al guión. Pero esta cosa está viva, y repleta de ese placer eufórico por el descubrimiento que nos capturó con diversión aventurera hace casi cuatro décadas. Hay cameos de rostros familiares, humanos y robots. Pero en ningún momento dudás de que los personajes nuevos respiran el mismo aire que Luke, Leia, Han, Chewie y el más malo de los malos, Darth Vader. El director Gareth Edwards (Godzilla) primero desarrolla la suficiente cantidad de trama como para poner la máquina en movimiento, pero pasa inmediatamente a la persecución. Seguimos estando en un mundo "hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia lejana", pero esa es toda la información; el largo texto que abre las Star Wars oficiales no aparece aquí. (Tampoco lo hace la banda de sonido de John Williams, pero el nuevo compositor, Michael Giacchino, samplea lo suficiente como para animarte). Felicitaciones a Felicity Jones, nominada al Oscar por La teoría del todo, quien se ensucia las manos con barro para su personaje de Jyn Erso. Rebelde de nacimiento, vio cómo el Imperio corrompió a su padre científico, Galen (Mads Mikkelsen), forzándolo a que los ayudara a construir el arma más letal -sí, la Estrella de la Muerte-, una verdadera revelación para los adictos a Star Wars. La misión imposible de Jyn es robar los planos para ese arma que puede destruir planetas, y frustrar los planes del villano director de armas del Imperio, Orson Krennic, interpretado por el gran Ben Mendelsohn con la combinación de miedo y diversión más deliciosa desde Christoph Waltz. Por supuesto, Jyn necesita ayuda. Y la recibe de su mentor, Saw Gerrera (Forest Whitaker) y -para tener algo de romance-, del Capitán Cassian Andor (Diego Luna), un insurgente encantador. Pero quien más se roba las escenas es Donnie Yen en su papel de Chirrut Imwe, un monje guerrero ciego, y Riz Ahmed en su papel de Bodhi Rook, un piloto chiflado del Imperio que se pasó del lado de los rebeldes. Mejor aún es Alan Tudyk como la voz de K-2SO (Kaytoo, para sus amos), un robot de seguridad al que le gusta hablar mucho. Los análisis estadísticos de cada estrategia de guerra que ofrece el robot sin que nadie se los pida son desalentadores y, OK, hilarantes. "Hay un 84 por ciento de posibilidades de que nos maten a todos", anuncia el robot con liviandad. Y luego está la acción, que Edwards maneja como un maestro jedi y como un niño con un juguete nuevo. Desde peleas de naves X-wings hasta escenas de guerra que parecen Apocalipsis Now, Edwards hace que sientas cada uno de los obstáculos, mientras los rebeldes se enfrentan con el vasto Imperio, dirigido por Krennic y Vader. Y el uso de cámaras en mano hace que Edwards nos haga sentir que estamos dentro de la misma batalla. Rogue One de hecho mejora a medida que avanza, y el último tercio, plagado de combates, es pura explosión. Como siempre, una película de Star Wars funciona o no según cuánto nos importen lo personajes. Afortunadamente, no hay Ewoks que suavicen este viaje de Jyn al corazón de las tinieblas del Imperio. Es cierto que algunas interacciones se pierden bajo el peso de las explicaciones iniciales. Pero con la tremenda Jones regalándonos una guerrera femenina a la altura de las mejores, y un elenco que sabe cómo ser realista en medio de una fantasía de ciencia ficción, Rogue One demuestra ser una historia de Star Wars digna de ser contada. Es difícil no sentir un nudo en la garganta cuando el monje ciego canta: "Estoy con la Fuerza, y la Fuerza está conmigo". ¿Quién quisiera otra cosa?
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