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Pola Oloixarac, muchacha ciberpunk

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La escritora desata el Apocalipsis nerd en su segunda novela

Desde que en 2008 publicó Las teorías salvajes, una comedia negra sobre "el ecosistema gagá" de Filosofía y Letras, Pola Oloixarac se convirtió en una pequeña figura de la literatura global y ganó varias becas internacionales de residencia. Sin embargo, no todo es tan perfecto como sugiere el ideal del escritor en estado de confinamiento subsidiado. En febrero de 2013, por ejemplo, estaba en St. Nazaire, Francia, en el invierno del Atlántico europeo. "Era como la guerra nuclear", dice Pola una tarde de julio en su casa de Parque Chas. "Escribía de noche y a la mañana me despertaba con martillazos. Los tipos me habían subido a un avión, después a un tren, me habían pagado un departamento con comida para alejarme de la civilización, y llegué a un lugar donde había una obra en el piso de arriba. ¿Entendés qué ridículo?"
En los últimos años pasó por Islas Canarias, Bariloche, Boston, Amsterdam. De hecho, volvió de Stanford, California, hace solo algunas semanas, y ya no sabe si quiere abandonar otra vez a sus gatas, llamadas Gmail y Carlota Eugenia Schrödinger. Penguin Random House acaba de publicar su segundo libro, Las constelaciones oscuras, una asombrosa novela ciberpunk que conecta a exploradores botánicos del siglo XIX con terroristas informáticos de un presente apenas corrido. Distopía biotech ambientada en el Mercosur, este tratado estético sobre la cultura nerd es también un parque de diversiones para una autora que experimenta con la sustancia misma de las palabras. "Quise hacer la biografía de un personaje (Cassio, el hacker en el centro del relato) que a la vez fuera como la biografía de Internet", dice Oloixarac. "Una novela donde lo biológico y lo informático hicieran sistema. Había algo con lo que no podía parar de flashear: la idea post-darwiniana de la evolución como virus, donde los cambios son mucho más abruptos y las únicas poblaciones que sobreviven son las que pactan con el virus, las que mutan y lo integran a su ADN. Me gustaba la idea de ese pacto de conquista para aplicar a los virus informáticos." Nacida en 1977, Pola es la fantasía encarnada de otro sistema monstruoso y casi invisible: el del prestigio literario, una representación perfecta de sus aspiraciones modernas, sensuales y eruditas. Antes de convertirse en una estrella de ese submundo apartado de las listas de bestsellers, ella tenía una imagen "pintoresca y medio idealizada de esos ámbitos". Y por supuesto que no tardó demasiado en caer. "Primero me desilusioné, y después aprendí a vivir dentro de mi desilusión: me di cuenta que los escritores son gente sencilla con la que vas a compartir un sanguchito y está todo bien. Y ahora disfruto de los encuentros de escritores, aun cuando no vayas a tener las grandes discusiones intelectuales. De hecho, un nerd está más interesado en cuestiones estéticas que un escritor, que lo único que quiere es que le den vino gratis." Para Las constelaciones oscuras, Pola hizo "investigación antropológica" sobre la comunidad nerd, y procuró que el lenguaje de la novela, su códice narrativo, pudiera ser leído y apreciado por "ellos". "Me gustaba que tuviera algo de esa sensualidad informática", dice esta investigadora lingüística que escribió el libreto de una ópera (Hércules en el Matto Grosso, con música de Esteban Insinger) en portugués, con algunas líneas en quechua para el parlamento de las anacondas. Ahora pone a punto su primera novela en inglés (Camarades in Ink), que quiere cerrar este año, mientras espera la llegada de Las teorías salvajes (traducida ya a otros seis idiomas) a Estados Unidos a través del sello Soho Press. Después de un período de encierro, trabajo solitario y corrección obsesiva, Pola quiere mantener un ritmo de publicación más ágil. Escribe de noche en su Mac, por la tarde toma apuntes en algún café de Villa Urquiza y a toda hora graba notas en el teléfono. "La tecnología es mi musa", dice esta suerte de nerd aspiracional ("Siempre fui un poco extranjera en ese mundo, básicamente porque soy una mina"), convencida de que el escritor contemporáneo tiene que meterse en el corazón de la máquina, aun cuando fracase en el intento. "La literatura es naturalmente política, y como tal debería involucrarse en la revolución política que vivimos ahora, que es tecnológica. Si creés que la revolución hoy es luchar contra el liberalismo, para mí te quedaste hace 40 años."
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