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McCartney, Sam Smith y Florence Welch: invasión británica en Lollapalooza Chicago

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La nueva edición del festival de Perry Farrell tuvo un show del beatle por primera vez, al cantante de "Stay With Me" encendiendo la segunda noche y la coronación definitiva de Florence + The Machine como una de las grandes estrellas pop del momento

sábado fue el gran día del Lollapalooza, con Paul McCartney, Metallica y Sam Smith.
A las 7:45 de la tarde del viernes, cuando el sol ya se empezaba a esconder entre los rascacielos de Chicago, Paul McCartney salió solo al escenario principal del Lollapalooza, en el extremo este del Grant Park, para cerrar la primera noche del festival. Estaba vestido con un traje negro y camisa blanca, y empuñó un instante su bajo frente a la multitud. Detrás suyo apareció el resto de la banda y sin mediar palabra empezó a tocar "Magical Mistery Tour", en lo que fue el comienzo de un profundo viaje beatle de dos horas y cuarto, más algunos temas de su carrera solista y joyas de The Wings. Paul McCartney y Brittany Howard (de Alabama Shake)
"Les voy a contar una historia", dijo tras tocar el medley que suele hacer de "Let me Roll It" de los Wings con "Foxy Lady" de Jimi Hendrix, parado frente a la multitud de jóvenes y adolescentes que llenaban el Grant Park de la ciudad. Era su primera actuación en la historia del festival y quería contar cómo fue que empezó todo esto. "En los 60, cuando [Hendrix] vino a Londres, era un gran pibe, ¿saben? Nosotros acabábamos de sacar Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band un viernes a la noche y, dos días después, el domingo, Jimi Hendrix abrió un show con esa canción. Es un gran recuerdo para mí. En esa época, si usabas mucho efecto la guitarra se desafinaba", contó y mostró en su guitarra la vibración estirada para que todos entendieran de qué hablaba. "Y Jimi se puso a ver entre la gente y preguntó si Eric Clapton estaba ahí. Y Eric estaba, pero escondiéndose atrás de la gente. Jimi lo miró y le dijo: 'Ey, man, ¿no me afinarías la guitarra?' Y Eric le dijo: 'No'. Ah, y ésta es la guitarra original que usé para la grabación [de Sgt. Pepper's] en los 60." El resto del show incluyó clásicos como "I've Just Seen a Face", "We Can Work It Out", "And I Love Her", "Blackbird", "Eleanor Rigby", "Something", "Let It Be" y "Hey Jude". En "Live And Let Die", de los Wings, unas lenguas de fuego encendieron el borde del escenario, mientras más atrás unos fuegos artificiales detonaban el estribillo de la canción. Y para "Get Back", Paul invitó a Brittany Howard de los Alabama Shakes, en lo que significó la introducción definitiva de la cantante a las grandes ligas del rock & roll. Durante el estribillo, Howard se sumó como segunda voz a distancia, porque ¿quién tomaría el protagonismo por delante de Paul? Así que él corrió el micrófono para acercárselo a ella y hacer escuchar su voz, que dotó de enojo y dolor al clásico beatle que cierra Let It Be. Más temprano, Howard había provocado una descarga de soul-rock descomunal con los Alabama Shakes en ese mismo escenario cantando las canciones de Sound & Color, el último disco de la banda, enfrentando al público como una sacerdotisa gópel de pelo corto, rapado a los costados y teñido de rubio en una extraña cresta. Durante el sábado, la agenda de shows incluyó una sesión masiva de baile con Django Django, el grupo de art-rock escocés que hace de su groove un monstruo deforme y fascinante. También hubo pop chicloso y teen con Charli XCX, vestida con una camisa con volados, mini short de cuero y medias de fútbol, y rap perturbado con Tyler The Creator, que construyó un cuarto infantil sobre el escenario, como el del video de "Tamale", revolcándose sobre una cama gigante mientras aullaba las rimas que compuso para el álbum Cherry Bomb, de este año. Kevin Parker, con una remera celeste y un pañuelo al cuello que llevaba desde la mañana, comandó un viaje de psicodelia retrofuturista al frente de Tame Impala, haciendo del audio lisérgico del grupo una droga absorbente. Cuando cayó el sol, Metallica y Sam Smith se repartieron el cierre la segunda noche del festival. James Hetfield y sus compañeros tocaron en el escenario Samsung Galaxy, concentrando a las remeras negras en el extremo este del Grant Park, mientras el inglés Sam Smith debutaba cerrando la noche frente a una multitud al otro lado del parque, en el escenario Bud Light. Metallica tocó al caer la noche, en el escenario Samsung Galaxy.
"Este álbum fue un quiebre para mí porque fue la primera vez en la que fui verdaderamente honesto en mi música", dijo Smith, de 23 años, frente a un público adolescente hipnotizado por el dramatismo amoroso de sus canciones. Después, contó lo difícil que había sido para él cuando la persona que amaba le había roto el corazón y cómo hacer canciones le había funcionado como terapia. Y aclaró que ya estaba bien, que había superado a ese chico completamente, con cierto tono de revancha. Smith tiene una voz delicada y anfibia que sabe cómo contener el pulso rítmico de las canciones, sumarle su dramatismo emocional arrastrándola contra la música, elevándola en falsetes o dejándose envolver por sus tres coristas, acompañado por una banda que conecta el soul y el pop con naturalidad. El repertorio de su álbum In The Lonely Hour es breve, así que el cantante sumó versiones de Elvis Presley, Amy Winehouse, "Le Freak" de Chic y "Ain't No Mountain High Enough" de Marvin Gaye y Tammi Terrell. Sam Smith contó lo difícil que había sido para él su última decepción amorosa.
El domingo una tormenta hizo que el festival se suspendiera algunas horas y que los shows se reprogramaran. En el Sprint Stage, metida en un enterito de vinilo, Marina & The Diamonds dio un show excelente de pop barroco y rockero, con canciones que pueden aflorar desde una guitarra acústica, desde el poder de fuego de sus músicos o las programaciones, con ella moviéndose por el escenario como una abeja reina desparramando su miel. En el Pepsi Stage, levantando en un pequeño bosque, Albert Hammond Jr. demostró que está listo para sostener su carrera solista como proyecto principal, si los Strokes no se vuelven a juntar. Debe haber sido uno de los únicos shows de rock de guitarras de todo el fin de semana. A$AP Rocky animó el Bud Light Stage con un set abrasivo, que incluyó sampleos de Nirvana y una descarga de rimas oscuras. Florence Welch cerró su set con un tema de 2009. Florence Welch presentó su disco How Big, How Blue, How Beautiful
Y ya de noche, el gran cierre del festival estuvo a cargo de Florence + The Machine. Mientras el cielo del estado de Illinois se cargaba de rayos que atravesaban la noche como nervios, a las 9:15 Florence Welch salió al escenario con su encanto místico para presentar How Big, How Blue, How Beautiful, con un traje gris y descalza, quedándose finalmente con una remera blanca transparente y moviéndose como un bello cisne herido. Al igual que Sam Smith, en un disco de ruptura, sólo que un poco más furioso. En "What Kind Of Man" bajó contra las vallas y apoyó su cara contra la de un fanático para cantarle el estribillo a los ojos. Finalmente, Florence se acercó al micrófono y dijo: "Oh, no, otra vez los truenos me vencen. Vamos a tocar una canción más, la tormenta está muy cerca, los siento mucho". El show de dos horas quedó reducido a 50 minutos que alcanzaron para dejar claro su raro carisma de poetisa pop inglesa, más cerca de Emily Brontë que de Katy Perry. El festival terminó con "Dog Days Are Over", de Lungs, su disco debut de 2009: una combustión perfecta de palmas y cuerdas acústicas con bases programadas para construir un frágil estado de bienestar emocional cargado de vértigo. La tormenta se acercaba a la ciudad.
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