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Leonardo Sbaraglia, el hipnotizador

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El actor protagoniza la nueva serie original de HBO que estrena este domingo 23 de agosto

Hay un lugar entre el sueño y la vigilia. Es una ciudad taciturna sin nombre, ubicada en una frontera imaginaria y un tiempo añejo indefinido, donde lo fantástico se filtra en lo real y donde el pasado no le da descanso al presente.
Ese es el mundo pendular de El hipnotizador, la nueva serie original de HBO Latin America que se estrena este domingo 23 a las 21, protagonizada por Leonardo Sbaraglia como el enigmático Sr. Arenas, un maestro de la hipnosis atormentado por una tragedia y condenado al insomnio por su rival, Darek (el actor brasileño de origen mexicano Chico Díaz). A lo largo de ocho episodios, Arenas usará sus habilidades para ayudar a las personas a resolver sus misterios, mientras intentará librarse de su maldición. La exquisita producción bilingüe, filmada en Montevideo, reúne actores brasileños, uruguayos, españoles, portugueses y argentinos (entre ellos, Marilú Marini y Chino Darín). "Somos todos muy diferentes en la manera de trabajar, y había situaciones donde convivían las nacionalidades que eran muy interesantes. Se aprende mucho de esa dinámica, y la propia mezcla del idioma forma parte de la historia", cuenta Sbaraglia. La serie está basada en el breve cómic homónimo de Pablo De Santis y Juan Sáenz Valiente (publicado en la revista Fierro) y, si bien respeta su esencia, amplía su universo con nuevas figuras y le otorga la gravedad de un elaborado thriller onírico. "Ninguna persona va a buscar encontrarse en la serie con el cómic, que es solo un punto de partida. Es imposible reproducir en un capítulo las apenas cinco páginas de la historieta -explica-. Teníamos que encontrar la complejidad de los personajes y darles más oscuridad". ¿Cómo elaboraste a Arenas? El cómic da pocas claves, si bien tiene algo de detective... Exacto. Se convierte en una especie de Raymond Chandler que tiene que ir pesquisando el inconsciente. Un actor también tiene que convertirse en un detective, porque construís el personaje sobre pistas, encontrando lo que hay detrás de ellas. Yo me agarré de elementos de la hipnosis, de cosas del género policial, de Humphrey Bogart. Al margen de que en los primeros capítulos se describe a Arenas como alguien misterioso e impenetrable, la gente va ir estableciendo una relación de intimidad con él. Hay que entenderlo como un tipo al que le interesan los demás, con algo humanitario, que tiene la capacidad de ver el dolor en el otro e intenta ayudarlo. Y, a medida que avance la historia, el espectador va ir viendo el drama de Arenas, porque solo tiene partes del rompecabezas en su memoria. Cada caso que se presenta en los capítulos funciona con cierta autonomía, pero va a iluminar ese pedazo de vida que no recuerda. Un hipnotizador trabaja con la historia, es una suerte de exorcista de vivencias. En lo personal, ¿cómo te llevás con el pasado? Me parece que esta serie tiene un elemento existencial. Por ejemplo, hay un capítulo titulado "El coleccionista de días", sobre alguien que compra y guarda los días de aquellos que los quieran olvidar. ¿Cuántos instantes de la vida se me han borrado de la memoria porque el dolor o la experiencia han sido insoportables en ese momento? Porque hay una parte tuya que te baja la térmica, que apaga esa zona de tu mente. En mi caso, me interesa prender todas las teclas: tratar de volver a incorporar en mí presente aquellas cosas que tengo más difusas de mi pasado. ¿No hay días que quisieras olvidar? ¡Al contrario, los quiero recuperar! Al margen de lo actoral, tengo la necesidad de recuperar muchos días de mi propia vida. La serie juega con eso, toca un lugar filosófico existencial, de hacerse preguntas. En definitiva, la psiquis humana es un misterio. En la preparación del personaje consultaste con un especialista en hipnotismo. ¿Qué técnicas aprendiste? Sí, pero no me hipnotizó, sino que me mostró lo que debería hacer. Me dio claves para sugestionar a alguien y, para eso, primero tenés que darle a esa persona elementos reales para que confíe en vos. Por ejemplo, nosotros en este momento estamos charlando, vos tenés un suéter negro, estás con un teléfono en la mano, tenés lentes: cosas de la realidad objetiva. Pero, en el medio de eso, comenzás a introducir elementos que tienen que ver con una realidad subjetiva, que se empieza a mezclar con la otra de manera incremental. Y así terminás en el mundo que el hipnotizador quiere que vos creas. Hay que saber observar a las personas, sus pequeños movimientos y hasta su respiración. Supuestamente, vos tenés que hablar cuando el otro inspira: ahí es cuando te meten una idea. La voz y el peso de cada palabra son muy importantes. El que hace hipnosis, mientras dice algo, lo está graficando. Tiene mucho que ver con la programación neurolingüística. Es muy interesante, porque hay empresas y comerciantes que usan eso para el convencimiento. Los actores norteamericanos la emplean para establecer una relación con el espectador y determinar qué están transmitiendo a cada momento con sus gestos y palabras. Decí la verdad: ya usaste las técnicas con alguien, ¿no? A mi hija a veces la duermo así.
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