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Las mejores canciones de Charly García: el top 25

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Las historias detrás de todos sus clásicos, elegidos por críticos y músicos en un análisis profundo a través de sus más de 40 años de carrera

25. "No me verás en el subte" (Cómo conseguir chicas, 1989)
Invitado por Charly García y el productor Joe Blaney, un día después de la primera edición del festival Amnesty Internacional, realizada en River en 1988, el violinista de Peter Gabriel, Shankar, grabó un set de cuerdas en los estudios ION. Durante esa misma sesión, García compuso en un piano la música de "No me verás en el subte". "Grabamos los dos solos, el domingo, contra reloj porque él tenía que irse a las nueve de la noche", dijo García en una entrevista. "Vino con su doble violín, tomó unos tecitos y salió una cosa alucinante." La letra final, escrita desde la mirada de una adolescente que sufre por un affaire amoroso subterráneo, surge de una historia que le venía dando vueltas en la cabeza desde hacía tiempo. 24. "Buscando un símbolo de paz" (Parte de la religión, 1987) Con la idea de superar un año de oscuridad, Charly quiso darle a Parte de la religión un impacto instantáneo ("Es un disco post-depresión, renacentista", dijo), tanto en el beat sostenido de las baterías como en la potencia de la voz, que se proyecta con autoridad sobre los instrumentos. "Buscando un símbolo de paz", un funk con samplers y percusiones grabadas por Don Chacal en Río de Janeiro, cristaliza la búsqueda de un confort espiritual imposible. La canción termina de definirse en el puente con la voz de Paula Toller (de Kid Abelha, una de las bandas más vendedoras en la historia de Brasil) y en el solo de guitarra final de David Lebón como único rastro de su paso por las sesiones en Panda. 23. "No bombardeen Buenos Aires" (Yendo de la cama al living, 1982) Motivada por Malvinas, es una de las letras esenciales del García de los 80. El sinsentido de la guerra queda expuesto en versos como "los jefes de los chicos toman whisky con los ricos/mientras los obreros hacen masa en la plaza", en alusión a Leopoldo Galtieri. La filosa ironía de Charly muestra también el miedo de la clase media porteña (de él mismo) a que la guerra llegara a la ciudad ("¡No bombardeen Barrio Norte!"). "El tema habla del terror y de cuando sentís que se viene una mano re negra y aparentemente está todo bien", explicó. El montaje es casi teatral, con cameos de personajes, voces en off y coros que refuerzan o contestan a la voz principal. 22. "Natalio Ruiz, el hombrecito del sombrero gris" (Vida, 1972)
"Charly me mostraba alguna linea melódica o yo le contaba alguna idea, y así comenzaba el juego", dice Carlos Piegari, miembro original de Sui Generis y autor de la letra de esta canción, la fábula triste de un hombre apegado a la moral represiva del viejo mundo. Nito Mestre y García llenan el estribillo de crispación cuando cantan: "¿De qué sirvió cuidarte tanto de la tos?/No tomar más de lo que el médico indicó/Cuidar la forma por el qué dirán". "El tema representa el típico destilado adolescente donde la muerte y la melancolía mórbida nos fascinan", explica Piegari. "Además recién me había mudado al barrio de Recoleta y me obsesionaba el cementerio." 21. "No soy un extraño" (Clics modernos, 1983) "No soy un extraño" sintetiza de un modo magistral esa sensación de cambio que atravesaba Charly García en la época de Clics modernos: la necesidad de sentirse otro sin importarle lo que se esperaba de él tras haber sido gigante con Serú Girán. Canta como susurrando entre máquinas de ritmos, mientras la guitarra de Larry Carlton enhebra la melodía y se acerca el momento en el que en su confesión levanta el tono: "Desprejuiciados son los que vendrán, y los que están ya no me importan más", cantaba un Charly que buscaba escapar a esos "carceleros de la humanidad" que exigían que se mantuviera dentro de su molde musical. Su cabeza estaba llena de nuevas ideas, de ganas de experimentar, y fueron muchos los que condenaron esta convicción de seguir siendo vanguardia. 20. "Pasajera en trance" (Tango, 1986) Alojados en alguna parte del Gramercy Park de Nueva York, Charly y Pedro Aznar (que venía de terminar su aventura con el Pat Metheny Group) se encerraron a grabar con instrumentos y una portaestudio (el grabador de casete que revolucionó la forma de componer en los 80). De aquellas vacaciones en cautiverio nació esta notable canción narcótica: un fresco digital, cadencioso y maquinal a la vez, que describe un estado psiquiátrico que está en trance permanente, donde la noción de lo real parece perdida hasta nuevo aviso. En los años 90, García la rescató para su mítico MTV Unplugged, y en los últimos tiempos solía tocarla en vivo junto a Gustavo Cerati, fan confeso de una de las melodías más misteriosas e inspiradas de Charly. 19. "Yo no quiero volverme tan loco" (Yendo de la cama al living, 1982)
Este tema, al igual que "Inconsciente colectivo", iba a formar parte del quinto álbum de Serú Girán, que no llegó a grabarse por la partida de Aznar y la separación del grupo. Nació como un adrenalínico rock New Wave bajo el título "Pena en mi corazón", y fue interpretado por Serú en sus recitales en el Coliseo del 81, con García en la viola eléctrica. Reaparece en Yendo... como un rock midtempo en la línea Petty-Springsteen, y tal vez de ahí la elección de León Gieco como cantante invitado. Grito de rebeldía juvenil de Charly ante una sociedad pacata y reprimida ("No me importa si soy un bandido/Voy pateando basura en el callejón"), contiene una frase genial que se volvió eslogan popular: "La alegría no es sólo brasilera". 18. "Cerca de la revolución" (Piano Bar, 1984) Otro de los puntos altos de un album casi perfecto, "Cerca de la revolución" fue de los primeros temas compuestos para Piano Bar, a partir de una secuencia de acordes inspirada por el hit "Venus", de Shocking Blue. Un García idealista pero desencantado ve el horizonte siempre lejano de la revolución, y palpa los límites de la democracia: "Y si mañana es como ayer otra vez, lo que fue hermoso será horrible después, no es sólo una cuestión de elecciones.". Se enfrenta a una realidad que lo supera (como el protagonista de "Street Fighting Man"), pero redobla la apuesta con un llamado a la acción que se volvería parte de la marca García: "Pero si insisto, yo sé muy bien te conseguiré". Guyot sorprende con un solo de guitarra improvisado. 17. "Rasguña las piedras" (Confesiones de invierno, 1973) En 1973, Charly Garcia vivia con Maria Rosa Yorio en una pensión que quedaba en Aráoz y Soler, en Palermo, donde lo único que la pareja tenía era una guitarra, un colchón de dos plazas y un equipo de música en el que escuchaban Artaud de Spinetta y The Dark Side of the Moon de Pink Floyd. Una tarde, María Rosa salió a comprar algo al almacén y cuando volvió, Charly ya tenía listo el gran himno de fogón del rock argentino. En la grabación del tema, producido por Billy Bond, le sumaron una respiración asfixiada al comienzo. "La idea del tema era expresar las ganas que uno tiene de sacarse de encima las lacras de la sociedad", le dijo Charly a RS. "Y también las propias debilidades, los empecinamientos o los clichés negativos que cada uno lleva adentro." 16. "Demoliendo hoteles" (Piano Bar, 1984)
El inicio del período salvaje, con un canto de guerra que describe de dónde venimos, subraya algunos traumas y deja un interrogante ante el voluntarismo desmedido de la primavera democrática. La apertura de Piano Bar es la síntesis más acabada del concepto de reacción, después del clic moderno nada podía ser igual y el gesto crudo de la canción es el modo de contradecir a todos. El disco está grabado íntegramente en vivo, no hay segundas tomas y todo suena urgente y despojado. "Demoliendo hoteles" funcionó como el campo de prueba para confirmar el aguante de la banda integrada por los GIT, Fito Páez y Daniel Melingo. También incluye la frase generacional del disco, la irrefutable "yo que nací con Videla". 15. "El fantasma de Canterville" (Porsuigieco, 1976) Charly Garcia toma de Oscar Wilde el título de uno de sus temas más contestatarios y censurados, que León Gieco haría popular. Folk rock de resonancia dylaniana, fue grabado en el álbum Porsuigieco, colaboración entre García, León y Raúl Porchetto. Pero, a último momento, en el contexto represivo del 76, "El fantasma." fue reemplazado por "Antes de gira". Sin embargo, hubo una tirada inicial de vinilos que incluía el tema, sin consignarlo en la tapa ni en el sobre interno. Gieco en 1976, con la letra suavizada, para su álbum El fantasma de Canterville. También hay una temprana versión en vivo de Adiós Sui Generis (75), pero editada muchos años más tarde. 14. "No llores por mí, Argentina" (No llores por mí, Argentina, 1982)
Aunque luego fue notablemente retocado en estudio, No llores por mí, Argentina es el álbum que condensa el sonido en vivo de Serú. Es el adiós en público del grupo, que a la vez despide una manera de hacer las cosas: Pedro Aznar lo grabó con el pasaporte en la mano, a punto de viajar para sumarse al Pat Metheny Group, y no es casual que empiece con esta canción que funciona como evidente adelanto del Charly que se vendría. Más directo, más provocador, más real. Menos excesivo. Una ironía rockera contra la dictadura en clave New Wave a la que apenas le hizo falta esta versión en vivo para pasar a la historia como la instantánea de un momento de quiebre. 13. "Canción de Alicia en el país" (Bicicleta, 1980) La influencia de Lewis Carroll en la cultura rock se remonta a la psicodelia, pero nadie había utilizado de un modo tan político el imaginario de Alicia en el país de las maravillas como lo hizo García en este clásico de Serú Girán, una de las alegorías más contundentes sobre la dictadura argentina. Compuesta para una obra de teatro, "Canción de Alicia en el país" es una suite dramática donde el autor apenas disimula que su verdadera intención es hablar de la censura y el terrorismo de Estado. Hay algo operístico en el diseño de la pieza, y los cambios de tono en la voz de Charly (del suave falsete inicial al rugido de imágenes oscuras) puntúan un relato que se deforma al calor de la violencia que late detrás del espejo. 12. "Cuando ya me empiece a quedar solo" (Confesiones de invierno, 1973) Confesiones de invierno, el segundo disco de Sui Generis, da inicio a una etapa más compleja y ornamentada para el dúo devenido en cuarteto. "Cuando ya me empiece a quedar solo", el primer track, fue compuesta por Charly sin ningún instrumento a mano, mientras vivía en una pensión con María Rosa Yorio. El bandoneón de Rodolfo Mederos y la voz aflautada de Nito Mestre musicalizan la historia de un hombre caído en desgracia. En un gesto progresivo, la canción se exalta con una estrofa veloz y la voz rasposa de Charly, para volver luego a sumergirse en una melancolía flotante y arrabalera. 11. "Confesiones de invierno" (Confesiones de invierno, 1973) El tema que da titulo al segundo LP de sui Generis es interpretado sólo por Charly García. "Era algo que viví entre 'Canción para mi muerte' y el segundo LP", contó. "Antes nunca había caído preso, recién en esa época me empiezan a llevar." Edificada en torno a un Re Mayor arpegiado, "Confesiones" es un folk semiautobiográfico de cinco estrofas que se despliegan como capítulos de una novela: un joven protagonista que, naufragando a la deriva, va preso y termina en el manicomio. La canción rápidamente adquirió un carácter emblemático contra la represión policial: en Adiós Sui Generis el público estalla en un aplauso cuando Charly canta aquello de "la fianza la pagó un amigo, las heridas son del oficial". 10. "Rezo por vos" (Parte de la religión, 1987) A mediados de la decada del 80, la sociedad creativa entre Charly García y Luis Alberto Spinetta no sólo venía a derrumbar una supuesta dicotomía dentro del rock argentino, sino también a contrarrestar un lapso de oscuridad en la vida de Charly. Aquel acercamiento, que inicialmente pretendía ser de compañía y contención, decantó en la idea de un disco conjunto que incluyó 30 horas de grabación en los estudios Moebio, pero que jamás llegó a concretarse. "Rezo por vos", una de las canciones que sobrevivieron al proyecto -con el clásico arpegio de guitarra en Re y un estribillo agudo cargado de épica-, inmortaliza el clima tempestuoso del universo privado de Charly con tono religioso. Además arrastra un extraño antecedente: durante su presentación en vivo en el programa Cable a tierra, conducido por Pepe Eliaschev, se incendió el departamento de Charly -asustando al mismo Spinetta por la coincidencia con la línea "...y quemé las cortinas y me encendí de amor."-, cargando la canción con una mística espesa que se reprodujo durante su regrabación, en Panda para Parte de la religión. "Cuando nos poníamos a hacer ese tema se bajaban las luces del estudio", recuerda el ingeniero Mario Breuer. "Lo rodeaba una fuertísima intensidad." 9. "Promesas sobre el bidet" (Piano Bar, 1984)
En 1999 en el Estadio Obras, antes de la sección instrumental de "Promesas sobre el bidet", un Charly García con la cara plateada exclamaba: "¡Qué temazo!" En pleno brote Say No More, el artista volvía a maravillarse espontáneamente ante una de las composiciones más bellas y en apariencia simples de su repertorio, una balada llena de aire (esa suspensión del tiempo previa al estribillo) grabada quince años antes, en la época de su relación con la brasileña Zoca. Charly parece sentir una debilidad por este hit del disco Piano Bar, de 1984. En "Los 20 mandamientos" que apuntó en 2007 para el diario Página/12, un breve catálogo de conceptos y ocurrencias sobre el arte de escribir y componer canciones, le dedica el punto 10, y es el único pasaje del texto en el que menciona una composición propia: "Para hacer un tema como 'Promesas sobre el bidet' hace falta una brasilera divina y un bidet. Y son cosas que no están al alcance de todos". En el registro en video de las sesiones de Piano Bar, un disco grabado en directo en los estudios ION (y luego mezclado en Electric Lady, en Nueva York), se puede ver cómo Charly llega al final del tema repitiendo a los gritos el "de acuerdo" de la letra hasta casi terminar llorando. 8. "Eiti-leda" (Serú Girán, 1978)
Hay algo urgente en "Eiti-leda" y su vocación sinfónica, que invoca las necesidades tempranas de Charly en el contexto político de los años 70. La libertad, el sexo, las sustancias prohibidas, la música como agente de cambio. Es el "A Day in the Life" de Serú Girán, en el que García es John y Paul en la misma canción, pidiendo todo eso que quiere, germinando belleza donde florecía paranoia. En un principio se llamó "Nena", y puede escucharse en Adiós Sui Generis 3, de 1975. Tres años después abrió el debut de Serú, pero encontró su mejor forma en No llores por mí, Argentina, el disco en vivo de 1982, energizada por el sonido de la época, Steely Dan y la brillantina de All That Jazz. Fue escrita para Nito, y pese a la incomodidad de Charly para cantarla, sobrevivió con variaciones mínimas, como si nunca se hubiera animado a reescribirla por temor a alterar su equilibrio molecular. "Este tema lo hice a los 17 años, con una melodía más o menos. La letra es mala", dijo en el Colón dos años atrás, antes de emprender su última versión conocida. El final ("el invierno fue malo y creo que olvidé mi sombra en un subterráneo") apunta al corazón y da en el blanco, aunque Charly no piense lo mismo.
7. "Nos siguen pegando abajo (pecado mortal)" (Clics modernos, 1983)
unos meses despues de su debut solista con Pubis angelical / Yendo de la cama al living y un show multitudinario en el estadio de Ferro, García viajó a Nueva York en busca de nuevos sonidos. Por esos días, la vuelta de la democracia estaba cerca y él pensaba que tenía que devolverle al rock la cuota de esparcimiento que alguna vez había tenido. Alquiló un loft, compró instrumentos y máquinas de ritmos, y comenzó a escribir la letra y las líneas instrumentales de "Pecado mortal" (ése era el nombre original que no sería aceptado en los registros de Sadaic). Para la grabación en los míticos Electric Lady Studios, de Jimi Hendrix, contrató al productor que venía de grabar con The Clash, Joe Blaney. "Grabamos 'Nos siguen pegando abajo', y se armó", escribió García en RS 107. El tema que abre Clics modernos encendió la llama del pop electrónico y enfrentó al rock nacional con el futuro: nunca antes se había usado una batería electrónica Roland TR-808 en la música argentina. Pedro Aznar, que estaba en NY tocando con Pat Metheny, grabó coros y un bajo maravilloso. La frase de guitarra, a cargo de Larry Carlton, alcanza un grado de efectividad emocional altísimo 6. "Desarma y sangra" (Bicicleta, 1980)
"Qué canción tan bella, dios mio", dice Mercedes Sosa en un video, conmovida, después de grabar "Desarma y sangra" para el disco Cantora. Fito Páez, que la grabó en su disco Moda y pueblo, la definió como "una de las más hermosas de la música argentina de todos los tiempos". Charly la compuso en parte cuando tenía 12 años y, aunque el primer vinilo de los Beatles editado en Argentina ya lo había transformado para siempre, esos acordes de piano estaban influidos por su formación clásica. En 1980, cuando Serú Girán iba a grabar Bicicleta, su tercer disco, Charly escuchó a Tayda, el hijo de David Lebón, cantando "Blanca Navidad", un villancico infantil que le recordó aquel viejo tema. Esa misma noche se sentó al piano y lo terminó. La letra combina imágenes bellas y punzantes: "Tu tiempo es un vidrio/Tu amor un faquir, mi cuerpo una aguja/Tu mente un tapiz". "La música es clásica, pero no la hice para demostrar nada, aunque es cierto que la toco para demostrar que puedo tocar así", contó Charly. "Cuando hice la letra me acuerdo que pensé en lo del faquir y en algo alegórico... Pensé en alguien víctima de la Inquisición y en ese clima de sanguijuelas y tortura. ¡Hasta pensé en Houdini escapando y mirando alrededor!" 5. "Canción para mi muerte" (Vida, 1972)
Charly Garcia compuso "Canción para mi muerte" durante su fugaz paso por la conscripción, donde insultó a un teniente, mintió diciendo que tenía un soplo en el corazón para zafar y terminó en un hospital militar escribiendo la canción. "Me sentía muy mal por unas anfetas que me había tomado. La cabeza me daba vueltas, pensaba que era mi fin", contó años después. "En diez minutos, mientras todo el hospital estaba durmiendo, compuse el primer éxito de Sui Generis." "Canción para mi muerte" se convirtió en el primer hit masivo del rock nacional desde "La balsa", y su temática, ligada a los conflictos y sueños de la adolescencia, atraería por primera vez a un público más joven. Pero el single con "Canción" (y "Amigo vuelve a casa pronto" en el lado B) como adelanto del debut de Sui, Vida, significó -además del arribo de un nuevo grupo y un compositor fundamental del incipiente movimiento de rock argentino-, la aparición de un sonido folk-rock acústico con pocos precedentes.En la grabación, producida por Billy Bond, participó, entre otros, el guitarrista Claudio Gabis. "A mí me dio la oportunidad de tocar en un estilo de folk-rock que no había utilizado hasta ese momento", dice Gabis ahora. "Aún hoy, cuando la escucho me emociono." 4. "Yendo de la cama al living" (Yendo de la cama al living, 1982)
La carrera solista de Charly Garcia empieza con un desperezamiento, una especie de gemido estirado sobre unas notas de bajo y una percusión programada en una máquina de ritmos Roland TR-808. Después, un slide show de escenas lujosas y decadentes parecen hablar sobre alguien que puede tener todo menos amor. Era 1982, Serú Girán se estaba separando y a Charly le había llegado el momento de ser solista mientras Argentina estaba en guerra con Gran Bretaña por las Islas Malvinas. Su debut en solitario se editó en agosto de 1982 y "Yendo de la cama al living" era su primer tema y el que le daba título al disco. El ritmo constante y aletargado del track destilaba el clima de asfixia y paranoia que se había vivido en Buenos Aires, pero tenía un origen doméstico. Charly había encontrado a su hijo Migue escuchando una y otra vez el comienzo de una canción de Serú Girán. Cuando cambiaba el ritmo, la rebobinaba y volvía a escuchar esa parte. "Me acerqué a preguntarle si la parte que venía no le gustaba, y me dijo que para él los temas tenían que tener sólo una parte", contó Charly. "Gracias a él entendí que muchas veces la música se complica demasiado, como si no se pudiera, digamos, gozar. Entonces hice Yendo de la cama al living, y eso le gustó." 3. "Los dinosaurios" (Clics modernos, 1983)
Joe Blaney, el productor de Clics modernos, cuenta que, mientras Charly grababa "Los dinosaurios" en Nueva York, algunos amigos argentinos que presenciaban la sesión se largaron a llorar a mitad del tema. El poder de conmoción de este clásico abrazó a todo un país justo cuando la democracia volvía a respirar, y era lógico que el cancionero argentino se llenara de referencias a la dictadura. El aporte de García estaba a años luz de la mayoría e impactaba por su realismo y el uso de frases simples como "los amigos del barrio pueden desaparecer". Sólo esa línea bastaba para remitir y explicar un tiempo atroz. Lo más extraño, y eso también habla muy bien de García, es el modo que ha tenido de desligarse de los análisis que provocó la letra: "Juro que cuando la escribí no pensé en los militares. La letra tenía más que ver con el sentimiento de ausencia que se produce en uno cuando pierde algo, desde un amor hasta el cepillo de dientes", señaló el autor a Rolling Stone. Esa declaración, incorrecta y genial, potencia el valor poético de una canción que dejó de pertenecerle hace mucho. La intro del sintetizador, la melodía titilante en el piano, los arreglos vocales de fondo y la guitarra intermitente de Larry Carlton fluyen en un manifiesto elevado sobre la verdad y la memoria. 2. "Viernes 3 AM" (La grasa de las capitales, 1979)
La balada opresiva, sin estribillos ni entrelíneas, que una noche Charly escribió en diez minutos, como Bob Dylan con "Blowin' in the Wind". De hecho, la grabó mientras improvisaba melodía y letra de punta a punta en el estudio, y el piano y una de las voces (después la dobló) de esta iluminación a deshoras quedaron en la mezcla final. Es el espejo roto de "No te dejes desanimar", el tema de autoayuda de La Máquina de Hacer Pájaros, y fue censurado por la dictadura por "incentivación al suicido", un incidente que quedó en el olvido pero que por entonces contribuyó para agigantar su impacto. En "Viernes 3 AM" las cosas terminan mal: ante la perspectiva de un fin de semana insoportable como parábola de vacío ideológico, el protagonista acaba con su vida porque "no puede más". "'Viernes 3 AM' tiene un error", reconoce Charly. "Dice 'bang, bang, bang'. Nadie puede pegarse tres tiros. Con el primero ya se mató." En la versión que aparece en La grasa de las capitales no participa David Lebón, pero sí lo hace el bajo angustiado de Pedro Aznar, quien reveló que "cada vez que la ensayábamos no podía evitar llorar". Una confesión que eleva todavía más a este réquiem de aires tangueros y genialidad instantánea. 1. "Inconsciente colectivo" (Yendo de la cama al living, 1982)
Como standard de fogón y gospel de la transición democrática, "Inconsciente colectivo" es una canción desfasada de su sonido primordial, melodía y letra disueltas en un estado de ánimo que conjuga el miedo y los sueños de libertad de una época. Al escuchar "Nace una flor, todos los días sale el sol", lo primero que resuena en la mayoría es Mercedes Sosa, esa especie de voz en off de la conciencia musical argentina. Pero hay que volver a la grabación original del tema, la que cerraba el debut solista de Charly García de 1982. Tras la separación de Serú Girán, García relanzaba su carrera convertido en una celebridad nacional. Las expectativas eran enormes. Yendo de la cama al living (que se publicaría en tándem con Pubis angelical, la banda de sonido de la película de Raúl de la Torre) tenía que ser también una reinvención. Después de grabar todas las pistas entre los estudios ION y Panda, Charly y el técnico Amílcar Gilabert se sentaron a escuchar el material. Había algo que no funcionaba. Y aunque no podía definir qué era, Charly optó por descartar todo y empezar de nuevo. "Esa decisión fue una pegada", dice Gilabert ahora. En comparación con su obra previa, el Charly solista ostentaba un sonido "más racional, no tan cargado de cosas, donde los silencios funcionaban también como notas musicales", en palabras de Gilabert. "Inconsciente colectivo" era un inédito de la época de Bicicleta (1980) que Serú tocó en sus shows del Coliseo de diciembre del 81. Era una balada sobre la vida nueva y las fuerzas oscuras, y tenía una resonancia política innegable. Charly en otro momento genial de lo que podríamos llamar intimidad de masas. "Encontré una forma de hacerlo que me gustó", le dijo a Claudio Kleiman en Expreso Imaginario, en noviembre del 82. "Tiene una cosa eléctrica que se repite todo el tiempo, como una especie de mantra, y por otro lado la melodía es casi folk." El baterista Willy Iturri, ejecutor de la base minimalista (proto trip-hop), fue el único músico que participó de la grabación además de Charly, que se cargó el resto de los instrumentos. "El arreglo nos costó muchas vueltas manzana alrededor de Panda", recuerda Iturri. "Hacíamos una toma, no nos conformaba y salíamos a caminar para hablar de qué estaba fallando." Si nos abstraemos del contexto-país, de su impronta psicobolche, y penetramos en la materia sonora de la grabación, es llamativo ver cómo esta marcha fantasmal de pop moderno se convirtió en un himno para patios de escuela, en el tema más versionado del catálogo de García. Algo así como el "Imagine" del rock argentino. Las mejores canciones de Charly García: del puesto 50 al 26
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