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Giorgio Moroder: el regreso del sacerdote disco

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Después de estar retirado décadas, vuelve a enchufar sus sintes

Un par de años atras, Giorgio Moroder estaba sentado en su casa en Italia, sin hacer nada en particular. En su apogeo, en los 70 y 80, Moroder fue un superproductor del pop, responsable de la euforia en la pista de baile y el kitsch del Top 40 que tenían, por ejemplo, "I Feel Love" de Donna Summer, "Take My Breath Away" de Berlin y "Call Me" de Blondie, o la banda de sonido de Scarface. Pero en los 90, con el declive de la música disco y el ascenso del rock alternativo y el hip-hop, Moroder dejó los sintetizadores a un lado. Hizo algunas cosas en otras áreas creativas -retratos, arquitectura, diseño de autos de alta gama- pero, dice, la música le había dejado un vacío: "Me estaba aburriendo. Podés jugar al golf y tener tus pequeños proyectos, pero al final, no te satisface".
Después, de la nada, recibió un llamado de Daft Punk: el dúo lo adoraba. Lo invitaron a su estudio de París, lo grabaron hablando de su vida y pusieron sus recuerdos en un tema llamado "Giorgio by Moroder" en Random Access Memories, su disco de 2013. Así se terminó el retiro de Moroder. El disco fue una huella instantánea de la electrónica: los promotores lo querían como DJ. Los DJs como colaborador. Y los sellos querían música nueva: "Tengo cuatro ofertas para hacer un disco", dice. Hoy Moroder tiene 75 años y acaba de lanzar Déjà Vu, su primer disco en tres décadas, que incluye cantantes (Sia, Charli XCX y Britney Spears) que eran inexistentes cuando él se estableció como el sacerdote más prominente de la música disco. En la entrada de su departamento hay varios trofeos: el Oscar por la producción de "Take My Breath Away", el tema de Top Gun; el Oscar por la producción de "What a Feeling", de Flashdance; y los discos de platino que recibió por los dos. Moroder nació en Ortisei, un pueblo italiano de ski, a 50 kilómetros de la frontera con Austria. Le encantaban los Beatles y empezó a hacer música de adolescente, inclinándose por las melodías pegajosas y por los equipos de ese entonces: "Tenía dos grabadoras Revox, y tocaba el piano. Como compositor no era muy bueno, pero sabía usar las máquinas". Para los 80, Moroder, a cargo de una serie de hits globales, se compró una mansión en Beverly Hills que su amiga y musa Donna Summer bautizó "Ice Castle": "Era toda de mármol y vidrio", dice él. Cuando dejó de trabajar, volvió a la región de Italia donde había crecido e hizo otras cosas. Señala un lienzo enorme en la pared de su comedor, con una figura de Elizabeth Taylor con la piel blanca y el pelo multicolor. Creó esta imagen usando el Photoshop y luego contrató a un pintor para que la reprodujera al óleo. "Hice dos", dice. "La otra se la di a Taylor." Luego encontró otros pasatiempos, como invertir en un auto deportivo diseñado por su compañero Marcello Gandini, el hombre detrás del Lamborghini modelo Countach. No es sorprendente que Moroder se haya inclinado por la fabricación de productos de lujo, porque sus mejores canciones también lo eran: obras de ingeniería de precisión, consentidas en su devoción por el placer corporal. Un caso extremo fue el hit "Love to Love You", de Summer, en el que la persuadió de simular un orgasmo. Para Déjà Vu, Moroder modernizó su método de trabajo. En el pasado hacía los temas de una manera muy parecida a lo que hizo con el retrato de Elizabeth Taylor: los bocetaba con instrumentos electrónicos y después contrataba músicos para que les dieran cuerpo. "Era: 'Donna, hagamos un disco'; 'OK, vení a Múnich y lo hacemos'." Pero ahora esa eficiencia no es posible. "Especialmente, cuando estás trabajando con diez o doce cantantes. Logísticamente, es una pesadilla", dice. "Cada cantante tiene su propio productor e ingeniero vocal. A Sia le di un tema instrumental y ella escribió lo que ahora llamarían la 'top line'; escribió las estrofas, la letra, lo grabó, hizo las armonizaciones y eso fue todo." Otros cantantes enviaron audios a cappella y Moroder inventó bases para ellos. El disco terminado es al mismo tiempo nuevo y viejo. "Por un lado, querés lograr un sonido clásico de música disco", dice. "Por el otro, estamos en 2015." Entonces aparece una mujer de su equipo de management, con una peluca rubia de Sia. Quiere que Moroder se la ponga para sacarle una foto "para las redes sociales". Moroder mira la peluca con una combinación de intriga y terror, después se la pone en la cabeza y sonríe tímidamente detrás de un flequillo afilado. "¡Te ves bárbaro!", le dice ella. Envalentonado, Moroder posa sobre su piano mientras ella dispara las fotos con su teléfono. "Mandame esa foto", le dice él. "¡La quiero ver!"
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