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Eagles of Death Metal: “Tuvimos unos meses rarísimos”

lollapalooza-2016-2174386w620Después de Le Bataclan, la banda liderada por Jesse Hughes tocó por primera vez en Argentina. Referencias a la tragedia, rock desbordado y canilla libre de exuberancia

En la apertura de su show, cuando en "I Only Want You" Jesse Hughes apunta el diapasón de su guitarra al público a modo de fusil, uno no puede dejar de lamentar que justo una banda como Eagles of Death Metal quede para siempre vinculada a un hecho trágico como el que les tocó vivir en Le Bataclan de París. Todo lo que transmiten desde el escenario es lo contrario a la solemnidad (quizás por eso el frontman se anime a semejante chiste), y cualquier atisbo de pesadumbre lo ahogan simplemente haciendo lo que mejor hacen: tocar una forma de rocanrol desbordado, exagerado, violento y -de alguna extraña manera- sensual.

EODM es un grupo pensado con un solo objetivo: divertir y divertirse. Y para ello apuestan a conjugar la velocidad del punk con la actitud del glam, como unos New York Dolls con menos purpurina o unos MC5 con más humor. Su intención siempre es ir por más. Durante su hora de recital, hay batallas de power chords entre Hughes y el guitarrista Dave Catching, como en "Don't Speak" y "The reverend". También un momento curioso: una fijación de los músicos y de su público con los Ramones (al grito colectivo de "hey ho, let's go!" el frontman respondió que éste era "el primer país que visité en el que crucé la calle y pude comprar una remera ramonera", además de esbozar un cover trunco de "Blietzrieg Bop" sobre el final). El rock duro de los 70 les sirve de marco conceptual: detrás de la banda hay toda una escenografía de amplificadores Orange. Y en ese contexto, temas que recurrían más al arpegio que al fraseo puro y duro sonaron flacos, como "Complexity" o el cover de "Save a Prayer" de Duran Duran. No obstante, el respiro duró poco, por el eterno retorno del riff y, de vuelta, por ese demonio llamado Jesse Hughes, capaz de bajar del escenario en medio de una jam de riffs y comerle la boca a una piba con la que estuvo anoche en el B-Side de Tame Impala en Vorterix, o de dedicarle "Cherry Cola" a las damas presentes, o de inventarle historias pintorescas a sus propias canciones (¿Será verdad que Dave Catching le espantó una chica y eso lo inspiró para componer "I Want You So Hard"?), o de enamorarse genuinamente del público argentino y decir: "Tuvimos unos meses rarísimos pero estar acá con ustedes hace que todo esté OK de nuevo". La zapada del final, desprolija y perdida pero no por eso menos potente, lo confirmó: lo pasado, pisado. Es tiempo de seguir luchando por su derecho a la fiesta.
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