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Coti Sorokin: “Una misma persona puede escuchar los Redondos y reggaetón”

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El compositor de "Color esperanza" habla de su nuevo disco y del día en que Pappo grabó un solo de guitarra

"Acá estoy cómodo", dice Coti Sorokin mientras fuma un Marlboro recostado sobre un sofá en la terraza de un bar a metros de su departamento de Palermo Viejo, en Buenos Aires. El año pasado, el compositor rosarino volvió a instalarse en Argentina después de vivir doce años en España. "Estuve viniendo y probando, hasta que finalmente me decidí", dice Sorokin, de 41 años. "¿Te digo la verdad? Me daba un poco de miedo volver." Suena lógico. Esa década en la madre patria significó su consagración internacional: editó seis discos, ganó premios Grammy, Ondas (que entrega Radio Barcelona en España hace más de 60 años), llegó al Disco de Oro, Doble Platino y Platino en varios países, y algunas de sus canciones dieron la vuelta al mundo en distintos idiomas. "Todo eso ya me pasó y me dio satisfacción", dice, "pero no es la felicidad absoluta". Su nuevo disco, Qué esperas -una colección de canciones de amor guitarreras y redondas-, alcanzó el tercer puesto en el chart de iTunes el día de su salida. "El éxito está bueno. Pero lo mejor está en las cosas simples y en las raíces", dice. "Y yo me sentía incompleto pensando que iba a estar toda la vida en otro lugar." Por momentos tu nuevo disco, Qué esperas, suena a Tom Petty. ¿Es un artista que te gusta? Sí, absolutamente. Y eso tiene que ver con mi concepto sobre cómo debe sonar una banda de rock. Tom Petty, Jeff Lynne, George Harrison o Neil Young construyen la orquestación sobre la base de guitarras. El diálogo entre la guitarra rítmica y la batería para mí es fundamental, más que el diálogo entre el bajo y la batería. En el caso de los Beatles, por ejemplo, me parece más importante cómo se lleva Lennon con Ringo que Paul con Ringo. El otro día tweeteaste "Mi papá, mi mamá, Charly y Spinetta". ¿Ese es tu ADN musical? Es una síntesis, pero es bastante real. Creo que Charly y el Flaco son la luz que guía a toda una generación de músicos. Son el ying y el yang, el left-right de este país. Yo recorrí muchos países donde, como no han tenido dos artistas tan enormes, es más fácil hacer música. Pero acá ellos dos inventaron casi todo. ¿Cuál fue la búsqueda con las letras en este disco? De que realmente todos esperamos algo y creo que está bueno hacerse esa pregunta: "¿Qué esperás para amar, para ilusionarte, para soñar?". Yo prefiero generar preguntas más que dar certezas. . Hace poco, cuando se cumplieron diez años de la muerte de Pappo, recordaste en Twitter el día en que grabó "Desconfío" con tu guitarra. ¿Cómo fue eso? Fue grabando Honestidad brutal con Andrés Calamaro. Vino un día al estudio, se colgó mi Telecaster y empezó a solear. En la mitad del solo cortó la primera cuerda pero él siguió adelante como si nada. Pappo fue una presencia enorme para todos los músicos de nuestra generación. Incluso para Andrés, que estaba en un gran momento de su carrera pero no era lo grande que es hoy, ver entrar a Pappo era ver entrar a un ídolo. Compusiste hits para Enrique Iglesias, Julieta Venegas, Paulina Rubio y Diego Torres. ¿Sentís que una parte del rock te mira con prejuicio? Poder moverme en esos mundos para mí es una habilidad. Y creo que la capacidad de escribir canciones trasciende los géneros. Una misma persona puede escuchar a los Redondos y escuchar reggaetón y nadie puede cuestionarlo. De hecho conozco muchos rockeros que admiran fervientemente a Julio Iglesias o a Rafael. Ese prejuicio me tiene sin cuidado. Aunque tampoco me gusta quedarme a vivir en géneros que no sean el rock. ¿Por eso te alejaste de tu rol de hit-maker del pop latino? Yo tuve la posibilidad de hacer una carrera multi-mega-millonaria en el mainstream del pop y no me interesó. Cuando me empecé a sentir un poquito incómodo, me abrí. No me sentía cerca de mis raíces musicales. ¿Cuál es la diferencia entre una canción mala y una buena? Todos usamos las mismas doce notas. Y las palabras son más o menos las mismas. ¿Dónde está la magia? En la combinación. ¿Escuchás música nueva? Cada vez menos. Esto no habla mal de la gente que empieza, sino que mi capacidad de asombro se fue achicando. Hoy cambio la novedad por la emoción. Y para mí casi nunca lo emocionante es moderno, porque la modernidad es un concepto que va cambiando y es cíclico. ¿Daft Punk es realmente moderno? ¡Si son todos riffs de guitarra del black power de los 70...! ¿Cómo fue dejar España después de tanto tiempo? Menos drástico que cuando dejé Argentina. La clave fue mudar las guitarras y armar el estudio acá, porque eso determina mi lugar en el mundo. Ahora me encanta tener la mitad de mi corazón allá y viajar mucho. Pero necesitaba volver. Argentina es un imán. Algunas de tus canciones son más famosas que vos, y mucha gente ni siquiera sabe que son tuyas. ¿Qué pensás de eso? Creo que eso pasa con todas las canciones populares, ¿no? Cuando se traducen a cientos de idiomas trascienden las fronteras, las décadas y finalmente terminan trascendiendo al autor. Muchas veces escuchamos canciones anónimas folclóricas, indígenas, villancicos, y nadie sabe quién las escribió. O cuando en la cancha la hinchada adopta una melodía y empieza a cantarla sin saber quién la hizo; eso es maravilloso. Yo me siento afortunado por haber escrito algunas de esas páginas populares. Para los que estamos metidos en este juego de componer, lograr eso es el súmmum. Es el fin último de la canción popular.
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